viernes, 5 de noviembre de 2010

Nuestros mejores momentos

Me da mucho gusto compartir con ustedes este momento de alegría y satisfacción al ver culminar una etapa muy importante en la formación  humana y académica de cada uno de los aquí  presentes. Les felicito en este día por el éxito alcanzado durante los años de enseñanza media, que nunca más volverán, y que nunca se borrarán de su memoria.

Este acto de graduación debemos verlo como una estación de paso, un punto de tránsito hacia otra etapa que pronto van a estrenar: los estudios universitarios. Ninguno de ustedes puede decir: “Ya soy bachiller, todo está cumplido”. Sería un error enorme considerarse satisfecho por haber llegado hasta aquí y quedarnos complacidos por el hecho de recibir un título y un diploma.
Durante los años de la preparatoria han ido adquiriendo las herramientas, los instrumentos para seguir desentrañando los misterios que preocupan al ser humano, para investigar y dominar lo que la naturaleza nos esconde, para poner a la luz lo que hasta entonces ignorábamos. Han ido ejercitando las habilidades y capacidades personales que les llevan a descubrir por dónde quieren caminar el día de mañana.
Durante los años de bachillerato han tenido ocasión de seleccionar la carrera que desean iniciar en la universidad. Han podido medir sus posibilidades para inclinarse hacia una rama determinada del saber y de la técnica. Por ello decimos que el bachillerato es una etapa-puente que nos ayuda a proyectarnos hacia el futuro que soñamos.
Haber llegado hasta aquí no significa el final, sino el arranque de un nuevo ciclo. Todos los días que vendrán después de hoy exigirán de cada uno de ustedes una conciencia clara de que el camino se hace al andar, como acertó a expresar el poeta. Una conciencia despejada de que nada hay definitivo en la vida de cada uno de ustedes, de que todo está por hacer todavía, de que el ser humano se hace minuto a minuto, es un proyecto inacabado y que cada hora que pasa trae sus novedades y sus afanes.

No caigan en el espejismo de conformarse con lo conseguido. Nunca será suficiente, siempre hay algo más, siempre habrá algo más. No descansen en su deseo de seguir creciendo como personas, como profesionales. No digan nunca ya lo sé. Digan siempre me interesa seguir sabiendo más.